domingo, 27 de febrero de 2011

Comentario del Sr. Ricardo Becchio

Estimado Miguel Angel: leyendo sus líneas me decidí a enviarle un pequeño comentario sobre la agresividad en los humanos. En ellos este tipo de actitud suele ser un mecanismo de supervivencia, pero también se puede deber a una mala regulación o expresión de las emociones, en esto hay influencia genética y de factores sociales o de entorno.
En algunos individuos la corteza pre frontal no es muy funcional a la hora de filtrar o regular la emoción, la que entonces puede ser expresada en un comportamiento violento. Sobre esto hay acuerdo en que ciertos individuos muestran predisposición a reaccionar poco edificantemente, cuando sus precarias estructuras mentales se confrontan con realidades o verdades antagónicas y superadoras, que dan por tierra con sus particulares e insubstanciales elucubraciones. Suelen reaccionar como niños caprichosos a los que se les han roto los juguetes.
Puede deberse, este cuadro, a alteraciones psíquicas o solo a procesos químicos orgánicos y naturales, la testosterona puede concatenarse con la agresividad en el hombre cuando la razón en un individuo no alcanza o es precaria.
Cada animal tiene un mecanismo propio y el medio determina a veces sus reacciones, por ejemplo, un pusilánime o un soberbio reaccionan agresivamente frente al disenso o a la verdad ajena demostrada fehacientemente, a veces el miedo o el susto lo hacen huir, pero también la inseguridad propia y el temor lo coaccionan e inducen al ataque.

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